Mutismo selectivo en niños

Mutismo selectivo en niños

¿QUÉ ES EL MUTISMO SELECTIVO?

Se puede definir el mutismo selectivo como la dificultad que presentan algunos niños y niñas para comunicarse verbalmente en entornos y situaciones sociales poco familiares y/o con personas poco conocidas.

Esta definición indica, por una parte, que los niños con mutismo selectivo tienen una competencia lingüística y comunicativa adecuada para su edad, y por otra, que esta buena competencia se manifiesta habitualmente en el entorno familiar próximo pero no se manifiesta con otras personas menos conocidas.

Su inicio se produce generalmente en los primeros años de vida y se manifiesta, en muchas ocasiones, de forma evidente, durante la escolarización en la etapa de educación infantil.

Muchos de los niños y niñas con mutismo selectivo suelen presentar además algunos rasgos de personalidad característicos como timidez, retraimiento social, dependencia, perfeccionismo… que pueden agravar el problema o contribuir a su consolidación.

Esta inhibición del habla raramente remite de forma espontánea y puede prolongarse durante muchos años si no se interviene.

El mutismo selectivo conlleva altos niveles de sufrimiento personal, y tiene como consecuencia importantes problemas de adaptación al entorno. Puede mediatizar el desarrollo afectivo-emocional y repercutir negativamente en el desarrollo social, personal y académico del niño.

 

FACTORES A TENER EN CUENTA

A continuación se enumeran una serie de factores que pueden intervenir en el origen y mantenimiento del problema. Es importante tener en cuenta que la presencia y concurrencia de algunos de estos factores no es condición suficiente para desarrollar un mutismo selectivo, ni en todos los casos de mutismo están presenten todos estos factores.

  • Vivencia de acontecimientos vitales como estresantes: incorporación al centro educativo, hospitalización, cambio lugar de residencia, separación de los padres, duelo por el fallecimiento de un ser querido…
  • Vivencia de situaciones traumáticas como abuso o maltrato.
  • Apego excesivo a alguna de las figuras de referencia y manifestación de comportamientos de ansiedad ante la separación.
  • Manifestación de conductas de inhibición social, timidez y retraimiento que dificultan las relaciones interpersonales.
  • Perfeccionismo excesivo, que impide al niño enfrentarse a situaciones en las que tiene miedo a fracasar.
  • Estilo educativo sobreprotector (evitarle contrariedades para que no lo pase mal, hacer actividades por él si muestra dificultad, impedirle que desarrolle una autonomía personal adecuada a su edad…).
  • Relaciones sociales poco frecuentes, evitación de relaciones, aislamiento social, instrucciones familiares de evitar hablar con extraños, inadecuada estimulación social del niño…
  • Características de personalidad asociadas a ansiedad e inhibición en familiares cercanos al niño.
  • Exigencia excesiva para que hable y hable bien: corrección del habla, le exigen que lo repita cada vez que lo pronuncia mal…
  • Excesiva atención recibida por no hablar: se le pregunta reiteradamente si ha hablado en el colegio, de haberlo hecho con quién, cuánto y cómo, se le anima a empezar a hablar en una fecha concreta…
  • Acomodación del entorno a las dificultades del niño: e le permite dejar de hacer ciertas actividades porque no habla, los familiares y amigos asumen el papel de “intérpretes” del niño, se le permite contestar mediante gestos…
  • Etiquetación del niño como “el mudito”, “el que no sabe hablar”, “al que le ha comido la lengua el gato”… y generación de expectativas negativas respecto a la evolución y normalización del habla del niño.

 

PAUTAS DE ACTUACIÓN ANTE EL MUTISMO SELECTIVO

QUÉ HACER

  • Posibilitarle experiencias que le conduzcan al desarrollo de personal y social.

Por su especial relevancia, destacamos los relacionados con la autonomía personal y el desarrollo de hábitos adecuados a su edad, relacionados con la alimentación, higiene, vestido, orden… Entre otros, colaborar en tareas sencillas del hogar, dejarle tomar pequeñas decisiones, pedirle opinión sobre cosas que le afecten…

  • Destacar sus puntos fuertes y reforzar todo aquello que el niño realiza bien.

La utilización frecuente del elogio tiene un efecto positivo en las actitudes y comportamientos. Podemos también premiar al niño con algún objeto de su interés o con la posibilidad de realizar una actividad que le resulta muy gratificante.

  • Aumentar la red social del niño y fomentar la interacción social y verbal

Planificar situaciones que faciliten la comunicación verbal con otros: invitar a niños a casa, ir a hacer recados, compras, acudir al parque o a la plaza, acudir a cumpleaños…

Reforzar el círculo de amigos que tiene el niño y ampliarlo progresivamente.

Posibilitar que el niño realice alguna actividad física deportiva de carácter lúdico que le permita descargar las tensiones acumuladas durante la jornada escolar

 

QUÉ  NO HACER

  • Sobreproteger

Ante situaciones sociales en las que es visible la incomodidad del niño, y en las que se manifiesta la tendencia del adulto a sobreprotegerlo, no conviene justificarlo ante los demás, ni expresarle comprensión, ni insistirle en que responda verbalmente…

Tampoco se le harán las tareas que el niño puede hacer por sí solo.

  • Mantener el mutismo.

Como por ejemplo: dar por válidas respuestas gestuales del niño, darle la posibilidad o sugerirle que responda de otras formas distintas a la verbal, permitir que otros niños pidan algo o respondan por él, realizar comentarios que justifiquen o expliquen el comportamiento del niño (“No habla porque…”).

  • Ser autoritario

Evitar la exigencia excesiva de perfección, tanto en lo que respecta al habla como a las tareas y actividades que el niño realiza. Los reproches, los comentarios negativos, la petición de rectificación… deben ser reducidos al mínimo. No conviene reñirle ni anticiparle posibles consecuencias negativas (amenazarle con castigos, repetir curso, reprimendas…)

  • Prestar excesiva atención al hecho de que el niño/a no hable

No realizar comentarios que hagan referencia a que no habla (preguntar si ha hablado en clase, si ha cantado en música…). No mostrar ansiedad, preocupación o enfado.

  • Comparar

Expresar comparaciones con hermanos, compañeros u otros niños (señalar que otros niños hablan más y mejor, son más simpáticos,…)

  • Forzar

Forzarle a hablar en situaciones sociales en las que se observe ansiedad excesiva.

Por supuesto, si el problema persiste y supone una afectación en la vida diaria del niño o niña, lo ideal es SIEMPRE, acudir a un profesional que evalúe el caso, determine las causas concretas del mutismo e intervenga en caso necesario.

María Huertas

Psicóloga infantil y Orientadora educativa

Psinergia

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