Cómo explicar la muerte a niños

La muerte forma parte de la existencia, ya que se trata de la fase final del ciclo vital de cualquier ser vivo. Tal como dijo Jean de la Bruyere, “la muerte solo viene una vez, pero está presente a lo largo de toda nuestra vida”.

Sin embargo, en la actualidad la muerte es uno de los grandes tabúes de nuestra sociedad y, en consecuencia, padres y educadores tendemos a evitar tratar la muerte con los más pequeños.

Esto se debe a tres razones fundamentales: caemos en una actitud de sobreprotección, subestimamos la capacidad de los niños para comprender la muerte y procesar el duelo y no sabemos bien cómo tratar este tema con ellos.

Hablar de la muerte

Los adultos tenemos el deber de generar conciencia en los niños sobre el concepto de la muerte.

Es un error no explicar a los más pequeños que la muerte forma parte del ciclo de la vida, ya que la falta de explicaciones puede llevar a que el niño genere ideas equivocadas acerca de la muerte, alimentando sus temores y dificultando el establecimiento de un duelo sano en caso de fallecimiento de una persona cercana.

Los niños están expuestos a la muerte desde bien temprano, lo ven en la televisión, el cine y la literatura infantil; lo viven en primera persona cuando fallece su mascota o ven un animal muerto en el jardín. Es por ello que debemos aprovechar este tipo de situaciones para dar una explicación clara a los niños de lo que la muerte significa, sin mentiras ni mensajes ambivalentes que puedan generar confusión.

Las investigaciones más recientes revelan que, en lo que a la muerte se refiere, los niños pequeños de entre 3 y 6 años son perfectamente capaces de entender lo que la muerte significa.

¿qué significa la muerte? ¿qué es lo que los niños deben saber?

La muerte se asienta sobre tres subconceptos básicos:

  1. Causalidad: la muerte se debe al cese de las funciones corporales.
  2. Irreversibilidad: no es posible revertir la muerte o volver de ella
  3. Universalidad: es una fase por la que todo ser vivir debe pasar necesariamente

Los niños tienen la capacidad suficiente para comprender que la muerte e un final, que afecta a todos y surge cuando nuestro corazón deja de latir.

Con el soporte adecuado por parte del adulto, entre los 3 y 6 años de edad, pueden interiorizar bien este hecho.

Mitos sobre el entendimiento infantil de la muerte

Existen diferentes mitos en torno a las necesidades de los niños relativas a la muerte, todos ellos muy extendidos pero falsos y perjudiciales. Los más frecuentes son:

  1. Los niños no se dan cuenta de lo que sucede cuando alguien fallece. ¡FALSO! → Los niños perciben y comprenden lo que sucede alrededor e incluso se ven afectados por los estados anímicos de los adultos que les rodean.
  2. Los niños no elaboran el duelo ni comprenden los rituales de despedida.  ¡FALSO! → El duelo afecta por igual a niños y adultos, aunque las manifestaciones son diferentes. Su pensamiento infantil simbólico (mágico) les hace muy receptivos a todo tipo de rituales, por lo que deben ser incluidos para permitirles que puedan despedirse del ser querido.
  3. Los niños necesitan ser protegidos del sufrimiento y el dolor, evitando su exposición al mismo.  ¡FALSO! → En este caso, protegerles no es excluirles sino incluirles en todo proceso de despedida, atendiendo todas sus necesidades, su curiosidad y el procesamiento emocional del dolor y la pérdida para evitar un duelo patológico.

Que hacer ante la muerte de un ser querido

¿Cómo podemos facilitar la aceptación de la pérdida?

Los niños más pequeños tienen la tendencia a percibir la muerte de manera específica y literal. Es decir, si les decimos que alguien “se ha ido”, el niño entenderá que se ha ido de viaje y volverá o que le ha abandonado y no le quiere. Por esta razón, los adultos debemos extremar el cuidado a la hora de utilizar metáforas o de enmascarar los hechos, ya que podemos transmitir ideas abstractas de difícil comprensión y desconcertantes.

Dependiendo de las creencias espirituales y religiosas de los padres, podemos apoyarnos en una explicación trascendental: está con Dios, está en el cielo, se ha reencarnado…

Es posible que, en un primer momento, los niños puedan manifestar el deseo de que la persona fallecida regrese y creer que este deseo puede incluso devolverle a la vida. Y es lógico, al fin y al cabo les enseñamos a creer en la magia. No obstante, si el adulto le explica con sencillez y claridad el concepto de irreversibilidad, el niño abandonará esta creencia mágica que tanto dolor y frustración le podría generar.

En definitiva, lo mejor es intentar una aproximación directa y sencilla, transmitir el mensaje con seguridad y calidez, sin atentar contra su pensamiento infantil mágico, pero explicando la muerte como un suceso vital y universal, del cual no es posible volver.

Por otra parte, podemos afirmar con rotundidad que los niños perciben a la perfección las emociones y sentimientos del adulto por lo que la actitud del adulto hacia la muerte es fundamental para facilitar la aceptación de la pérdida y el manejo del dolor emocional.

Si el adulto tiende a ocultar sus sentimientos de tristeza y dolor hacia la pérdida, el niño hará lo mismo y si, por el contrario, el adulto sufre un duelo patológico y se sume en una profunda depresión, la integración del suceso por parte del niño también será compleja.

Guión de actuación para la comunicación del fallecimiento a un niño

CLAVES

→ El niño necesita conocer una cuestión básica en relación a la muerte; el fallecido no regresará.

→ El lenguaje debe ser claro y sencillo, sin metáforas ni ambigüedades.

→ Debemos tener disposición para escuchar y responder sus inquietudes y dudas tras la noticia.

QUIÉN SE ENCARGA

Siempre que sea posible, la noticia debe comunicarla alguien que tenga un vínculo afectivo con el niño: madre, padre, abuelos, tíos o amigos cercanos de la familia.

Si el fallecido es uno de los progenitores y quién da la noticia es otro progenitor, conviene que también esté presente una tercera persona de confianza que pueda atenuar las posibles reacciones ante una situación tan dura.

CUÁNDO

La noticia del fallecimiento debe darse lo antes posible, siempre que el adulto encargado de la noticia haya podido recomponerse mínimamente. Siempre debe ser antes del entierro/incineración, para dar la oportunidad al niño de acudir al funeral o estar presente en parte del ritual. En cualquier caso, siempre debemos considerar su deseo de asistir o no a la despedida.

DÓNDE

Es preciso dar la noticia en un lugar tranquilo, en el que poder permanecer el tiempo necesario para dar la noticia y adaptarse inicialmente al suceso traumático.

CÓMO

  • Con un tono de voz cálido, evitando eufemismos, términos abstractos o expresiones que puedan generar confusión como: “está dormido”, “se ha ido de viaje”, etc. Evitar conceptos religiosos si el niño no está familiarizado con ellos como, por ejemplo: “se ha ido al cielo”.
  • No hay que tener miedo a utilizar la palabra muerte y debemos explicar que se trata de algo irreversible que ocurre como consecuencia del cese de las funciones vitales del cuerpo: el cuerpo ya no piensa, no siente, no ve, no habla, no camina…
  • Podemos explicar brevemente el suceso: “iba conduciendo y ha tenido un accidente…”, “sabes que estaba muy enfermo…”, etc.
  • Hay que dar la oportunidad a que el niño haga preguntas y normalizar la reacción que pueda tener. Evitar frases como “no llores por esto”; “no pasa nada” o “tienes que ser fuerte”.
  • Responder con sinceridad y, si alguna pregunta no se puede o no se sabe responder en ese momento, decir simplemente “no se”.
  • Para terminar, transmitir siempre un sentimiento de seguridad y cuidado: “yo voy a estar aquí contigo”

 

María Huertas, psicóloga infantil.

 

Bibliografía: El afrontamiento de la muerte y el duelo en la etapa infantil. Ana León Mejía y Maria del Mar Gallego Matellan.

 

Psinergia

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